Si alguna vez
mi voz deja de escucharse
piensen que el bosque habla por mí
con su lenguaje de raíces.
J.T.
El poeta romano Ovidio (43 A.c. ) en su obra Las metamorfosis fue el primero en referirse a los Lares, hijos del dios Mercurio y Lara.
Se los representa bajo la figura de adolescentes, con un cuerno de la abundancia en la mano y vestidos cortos, como corresponde a las divinidades ágiles.
Estos jóvenes representan las encrucijadas y la prosperidad; se dice también que el Lar Familiaris era el protector de las familias.
La poesía de los lares, la búsqueda del paraíso perdido es la piedra angular de la obra de Jorge Teillier. Su poesía trasunta la melancolia del ayer, es una respuesta al desarraigo, el poeta se mostró crítico con aquellos escritores de su generación (´50) quienes abandonaban las tradiciones, buscando en Europa vivencias nuevas, como si en su propia cotidianeidad no se hayase la voz poética.
Teillier se trazó una misión, desde sus primeros manifiestos, relativos a que “no importa ser buen o mal poeta, escribir buenos o malos versos, sino transformarse en poeta, superar la avería de lo cotidiano, luchar contra el universo que se deshace, no aceptar los valores que no sean poéticos” (Tellier, “Sobre el mundo”).
En su obra se siente el perfume del sur chileno, de su Lautaro natal, en la provincia de Temuco, donde los mapuches dejan su impronta, incluso me pregunto si el ánima de Lautaro, el líder militar mapuche no sostuvo, acaso, la mano a nuestro poeta.
Ese sur chileno donde:
En el pueblo/donde algunos me conocen/como el poeta cuyo nombre suele aparecer en los diarios, /paseo por la Calle Comercio/que ahora se llama Avenida Bernardo O’Higgins (Como en Santiago). /He comulgado con la tierra.
Voy a la Sidrería…y me saludan mis viejos compañeros de curso/
que sueñan con ser alcaldes o regidores o comprarse/ una citroneta. (Notas sobre el último viaje del autor a su pueblo natal).
Lugar de barro y polvo era la aldea/ por donde trascurrían las estaciones de mortecinos pasos/ EL sol se desmoronaba como una torre de oro/ y la soledad buscaba su imagen de lluvia. (Memorias de la aldea)
Una estética concentrada en versos directos, es la poesía de la aldea, de sitios donde la vida transcurre lenta, el ámbito rural donde se esconden los Lares de Ovidio.
La lucidez soñadora del presente que se escurre del pasado, un pasado como un dios propio, esa es la poemática de Teillier; quien ha sido comparado con D. Thomas y con Vicente Huidobro.
En los vagones de primera y segunda, incluso de tercera clase/ se habían colado varios viajantes de grandes firmas comerciales…Me bajé y emprendí solo el camino de los Sueños Polares (Aviso a los Turistas)
¿Huidobro o Teillier? Ese poema corto es de Huidobro, mas tiene sabor a Teillier.
En la antigüedad, la poesía tuvo un carácter ritual y comunitario, además de la religión, fueron surgiendo otras temáticas, como el tiempo, las labores cotidianas y los juegos. Teillier, que se nombra: borracho melancólico /guitarrista, lunático, poeta/ ha detenido el tiempo Pertenece a todas las edades.
Él, como lo decía Huidobro, tiene derecho a ver la flor que cuida: La Poesía.
El cielo habla en un lenguaje gris /y callan la grave voz del vino, /la leve voz del té/ los espejos se fatigan / de repetir el nombre de las cosas. (El lenguaje del cielo)
Para mi la poesía es la lucha contra nuestro enemigo el tiempo y en un intento de integrase a la muerte, de la cual tuve conciencia desde muy niño, a v cuyo reino pertenezco., declaraba el poeta, una visión existencialista de la vida, pero contrapone que está tenida de tristeza, y no de desesperación; si es muy potente el sentido de la fugacidad, de irse yendo con cada segundo que marca el reloj.
Esta noche duermo bajo un viejo techo, /los ratones corren sobre él, como hace mucho tiempo, /pero sé que no hay mañanas y no hay cantos de gallos, /abro los ojos, para no ver reseco el árbol de mis sueños, /y bajo él, la muerte que me tiende la mano.
(Bajo un viejo techo).
Poesía contemplativa. M. Heidegger opina que la contemplación acontece en diferentes grados del saber, alcanzando una claridad cada vez diferente, agregaría que la contemplación se alcanza en estados especiales del artista, como un no estar en si mismo., la contemplación mística que lleva a la obra.
Es así que lo cotidiano, como escuchar a los ratones, ver el cielo nacido tras la lluvia, la bodega triguera, brotan de la contemplación, la contemplación del entorno en Lautaro y que Teilleier lo convierte transforma, alquimista, en poesía.
va mi padre en su Dodge 30/por los caminos ripiados de la Frontera/hacia aldeas que parecen guijarros o perdices echadas/O llega a través de barriales/a las reducciones de sus amigos mapuches /cuyas tierras se achican día a día,/para hablarles del tiempo en que la tierra/se multiplicará como los panes y los peces/y será de verdad para todos.( Retrato de mi padre….)
Teillier nos invita a compartir el pan más simple- cocido en horno de barro- más sabroso, y tomamos esa hogaza intangible, sentados, para siempre con él, allá e el limite del mundo, y compartimos el pan de la palabra. Para siempre.
Silvia Loustau- Noviembre 2007